La Leyenda del Charro Negro

La famosa Leyenda del Charro Negro es originaria de Puente de Ixtla.
POR KARINA ORTEGA

Cuentan que en el pueblo de Ixtla, en el estado de Morelos, vivía un hombre muy cerca a la Iglesia de San Mateo, quien cansado de su pobreza y soledad, una noche acudió a una encrucijada de caminos donde invocó al Diablo para que le diera mujeres y riquezas. En medio de una nube de polvo y humo, con un denso olor a azufre, el demonio se le apareció para concederle sus deseos, vestido con traje y sombrero de charro totalmente negros, montado en un corcel fuerte y brioso de color negro azabache, inmediatamente desapareció rodeado de truenos y relámpagos.

El hombre se volvió rico de repente y tuvo varias mujeres, todas muy hermosas, incluso terminó viviendo con dos que eran madre e hija, quienes lo atendían a cuerpo de rey. Aparentemente era feliz, pero en el fondo tenía miedo del trato que había hecho, ya que a cambio de las riquezas se había vendido en cuerpo y alma a Satanás. Entonces se empezó a rodear de crucifijos y agua bendita, llevaba ofrendas de flores y ceras cada que podía a la iglesia de San Mateo para evitar que los demonios se llevaran su alma. El hombre temblaba cuando escuchaba los cascos de un caballo o las espuelas de algún charro, por eso siempre llevaba consigo una cruz de carrizo.

Un día cayó enfermo, a veces perdía la conciencia y entonces no tenía la protección de sus amuletos. Varias noches se escucharon los cascos de un caballo por las calles empedradas de San Mateo y se llegó a distinguir, entre los rayos y los truenos que le precedían, la silueta de un charro negro que corría velozmente desde una esquina de la Iglesia a la calle siguiente hasta detenerse enfrente de la casa del enfermo, gritando su nombre con una voz infernal. El enfermo, muy asustado, inmediatamente tomaba su crucifijo para evitar que el Diablo se le acercara.

Tan espantado estaba que ya no comía ni bebía y después de varias noches seguidas con estas apariciones, al fin, el hombre murió. La noche que lo estaban velando, se escuchó a un caballo por la esquina de la iglesia y la silueta del charro negro se alcanzó a distinguir al momento que un relámpago cruzaba el cielo. A medida que se iba acercando empezó a soplar un fuerte viento que hizo que se apagaran las velas, mientras conseguían encenderlas de nuevo, se escuchó una sonora carcajada, y el caballo que se alejaba a todo galope.

Cuando encendieron las velas, se dieron cuenta de que el cuerpo del difunto ya no estaba. Pero para disimular ante la gente del pueblo, rellenaron el ataúd con piedras y eso enterraron en el panteón de San Mateo.

Una leyenda de este pueblo de San Mateo, en el municipio de Puente de Ixtla.

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