‘El Charro de Tapona’: un extraño relato de la región de Los Llanos, en Durango

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En víspera de la presentación del libro “Hernando Name: El Centauro del Cine” de la autoría del que esto escribe y de Gilberto Jiménez, es pertinente fomentar nuestras costumbres y tradiciones evocando con nostalgia las viejas charlas de los antepasados combinados de una buena dosis de imaginación y por qué no… también de veracidad.

He aquí esta sugestiva historia narrada por nuestro biografiado el cineasta Hernando Name, nativo de Guadalupe Victoria, un relato que llegó para quedarse en el imaginario popular de la región de Los Llanos:

“Mi madre era una mujer católica y expresaba con frecuencia que existían fuerzas ocultas y que más valía creer que no creer,  y que con esas cosas no se jugaba. Mi padre y mi madre me narraron una historia que quedó grabada en mi memoria, el relato comenzó en la hacienda de Tapona del actual municipio de Guadalupe Victoria a finales de la década de los 20. Cuando hablaban de aquel suceso yo le insistía a mi madre que era de película, sin embargo, de igual forma la detallaban mi familia. Contaban mis padres y tíos que una vez en la hacienda de Tapona llegó un hombre bien parecido vestido de charro en un hermoso caballo y les pidió posada a mis tíos y ellos le prestaron una galera y una caballeriza para su caballo, a cambio él les daba dinero en billetes y monedas pero extrañamente se los proporcionaba a determinado tiempo. Mis tíos andaban felices, pero mi padre aseguraba que nunca había visto un tipo tan bien parecido y de tan bonitos ojos, a tal grado que todas las mujeres de la región se enamoraron de ese hombre que era bueno tanto para el caballo como en los gallos, en sí, era un desmadre. Un día, mi padre les comentó a mis tíos que ya no quería esa persona ahí, y que se tenía que ir de la casa; todos le insistieron que lo dejara. Hasta que un día, aquel hombre amaneció enfermo y pidió hablar con mi papá.

“Contaba mi papá que cuando entró a la galera aquel hombre parecía un monstruo lleno de llagas, una cosa horrible, y le dijo: -Usted es el único hombre que me puede llevar a la salvación Don Pablo, quiero que vaya a un pueblo que está de aquí a dos jornadas a caballo y busque al curandero de ahí, él me puede salvar de la muerte, él lo va a estar esperando. Mi padre salió molesto, pero mi madre insistió en que le hiciera la caridad a ese extraño personaje; por fin lograron convencer a mi padre y fue al pueblo indicado encontrando al curandero en un cerro cerca del pueblo. Cuando llegó subió el cerro, lo encontró sentado y de inmediato le dijo a mi padre: -¿Por qué se tardó tanto Don Pablo?… lo estaba esperando. Esa noche el brujo entró a la cocina de la casa donde estaba reunida la familia, mientras que mi madre se encontraba haciendo buñuelos. A todos les dijo: -Aquí les traigo una herradura para cada uno, es con el fin de que se protejan del mal y tienen que irse al camino donde hace cruz y antes de que den las doce se juntan espalda con espalda y ahí tienen que pasar la noche y al clarear se vienen a la casa sin voltear para atrás. Al clarear el día el curandero se paró en la puerta de la galera con el perro negro muerto tirado y les dijo –No se pudo hacer nada… llegaron tarde. Entonces mi padre ordenó tajantemente que sacaran a aquel hombre y quemaran las cobijas. El curandero le dijo: -No Don Pablo no es tan fácil yo les voy a decir cómo le hagan: -junten leña verde y hagan una pira y queme todo junto con el hombre y me dan las cenizas para llevármelas o de lo contrario no se la van a acabar toda su familia por muchas generaciones”.

“Asustados hicieron fuego con leña verde y pusieron al difunto con todo y sus pertenencias. Contaba mi padre que salían del fuego unas extrañas llamas, acompañado de unos lamentos espantosos de aquel hombre. Cuando todo acabó, el curandero le dijo a mi padre –Don Pablo le voy a dar un consejo: en esa galera construya una capilla téngala siempre como tal y no como galera. De la capilla y de la hacienda no queda absolutamente nada más que ruinas.

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