EL CHARRO: CIVIL ARMADO EN DEFENSA DE MÉXICO

Nota de la redacción: Interesante percepcion que nos hicieron favor de compartir.

Muchas veces se considera que la tradición del civil armado es algo único de los Estados Unidos de América–que por ser ligada a su historia, el norteamericano sostiene y practica esa tradición hasta el día de hoy, más que el ciudadano de cualquier otro país. Si bien es cierto todo eso, nos conviene detenernos y reconocer que esa tradición no es de ninguna manera posesión única del “yanqui”.

Reconozcamos que tal tradición ha formado parte importante de la historia de otros lugares, especialmente en nuestro suelo americano (en el sentido más amplio de la palabra), y que esa herencia debe inspirar a los buenos ciudadanos de todo el mundo a mirar hacia atrás a su propia historia, valiéndose del orgullo y sabiduría de sus antepasados nacionales, para establecer la libertad de armas en el presente y en el futuro. A ese fin escribo.

El charro es del varón mexicano el símbolo por excelencia. Montado sobre su corcel, vestido de sus ropas típicas, y con su revolver a su lado, representa no tan sólo una tradición que ha sabido sobrevivir el paso del tiempo, sino también valores de antaño que hacen falta en nuestro mundo de hoy: la voluntad de trabajar, la disposición de servir, y la habilidad de defenderse a sí mismo, a su familia, a su Dios, y a su patria.

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Los Estados Unidos de México reconocen el derecho de tener y portar armas desde el décimo artículo la Constitución de 1857:

Todo hombre tiene derecho de poseer y portar armas para su seguridad y legítima defensa.

De acuerdo con ese principio, y aún antes de que se estableciera en la ley, el charro, con sus armas, ayudó a construir a los Estados Unidos de México, y sobre sus hombros descansa la tradición de una nación.

Participaron en la defensa de Nueva España, como el país en ese entonces se conocía, ya que sus precursores formaron una banda montada para ese fin: los Dragones de la Cuera.

Luego los “cuerudos” participaron en la Guerra de la Independencia, valiéndose de sus habilidades con el lazo para atrapar a sus enemigos realistas.

En la intervención de Estados Unidos en los 1840, el hacendado Pablo Verástegui “contribuyó con recursos y hombres de su hacienda” para defender la patria.

Charros participaron en la Guerra de Reforma y en la intervención francesa, allí apoyando tanto a Maximiliano (quien contribuyó a la tradición) por un lado, como a los repúblicanos por el otro.

Y luego, por supuesto, vino la Revolución.

Tal vez el ejemplo más famoso del charro en su rol de ciudadano-soldado se encuentra en la persona de Emiliano Zapata, que usó de sus ganancias como granjero para adornar de plata su traje de charro. Comerciaba en caballos, y fue muy conocido por sus habilidades de jinete.

Fue el mismo Zapata que rehusó desarmarse frente a promesas del gobierno, reconociendo (en las palabras de su nieta): “si no me cumplen estando mi gente armada, y yo también, mucho menos lo van a hacer después”.

Fue durante la Segunda Guerra Mundial que se hizo oficial lo que ya se había visto en las páginas de la historia mexicana, y aún mas claramente en sus campos de batalla: que el charro, el ciudadano armado, era la defensa natural del país.

El presidente Manuel Ávila Camacho, viendo su disposición para servir en tiempos de incertidumbre y de guerra, los declaró reserva de las fuerzas armadas, “por lo que desde ese año los charros participan en las paradas militares del 15 de septiembre, al lado de los militares”.

Las armas tradicionales del charro han ido evolucionándose a pasar los siglos, pero ya para la época moderna parecen haber quedado bien en memoria dos, a saber: la guaparra y el revólver, que ya mencionamos.

La guaparra es un tipo de machete, que se lleva en el recado tradicional del charro.

Según lo dicho, el revólver que se lleva en estos días normalmente será de doble acción; o sea, a diferencia que los revólveres de los pistoleros del lejano oeste, estas armas más modernas tienen un gatillo que desarrolla la multiple función de girar el tambor, amartillar el percutor, y disparar el nuevo cartucho, en vez de requerir un movimiento separado para las primeras dos acciones.

El charro empeña el revólver en tareas combativas de la siguiente manera:

Como dato curioso, en el libro de la charrería se habla de la forma en la que el charro debía cuidar su pistola, la forma mas práctica para disparar, así como algunas técnicas para enseñar al caballo a ponerse como barrera en un enfrentamiento. El tiro consentido es el tiro de riña (algunos lo conocen como tiro yaqui) y se trataba, desenfundando con gran velocidad, tener la mejor puntería sin apuntar y con el arma tomada desde abajo.

Aún seguimos practicando ese tiro en el que somos muy buenos, y lo que te hace unirte a tu arma de manera especial, pues debes lograr una total conexión entre tu mirada y la pistola sin apuntar.

 

Hoy en día, aunque cargados al par de otros mexicanos con el peso de leyes que restringen el acceso legítimo a las armas, “El Charro [aún] lleva arma, para salvaguardar su familia y sus propiedades”.

La Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos deja al alcance del ciudadano armas de puño de “calibre no superior al .380” en el caso de pistolas semi-automáticas o de “calibres no superiores al .38 Especial” en el caso de revólveres.

Pone restricciones pesadas sobre la pertenencia de armas largas y requiere la registración de las armas civiles, lo que tiene el efecto de disuadir a los seguidores de la ley para que no tengan armas, y controlar indebidamente a los que sí las tienen.

No es preciso en este momento revisar toda la ley; basta decir que es de sobremanera restrictiva y que, en comparación con la inseguridad y poderoso sector criminal que existen en el país, sólo tiene el resultado de perjudicar a los buenos ciudadanos, haciéndoles sufrir en un estado de desigualdad y debilidad ante las amenazas a su seguridad.

Pero hablando específicamente del charro y de su tradición, nos conviene hacer nota de esta excepción:

A las personas que practiquen el deporte de la charrería podrá autorizárseles revólveres de mayor calibre que el de los señalados en el artículo 9o. de ésta Ley, únicamente como complemento del atuendo charro, debiendo llevarlos descargados.

Aún queda, dentro de una ley severamente desarmista, alguna protección de la tradición del charro como civil armado.

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Entonces el charro, acostumbrado a sus armas, experto con las mismas, y con el orgullo y amor patrio en el corazón, ha hecho de México un estado independiente y de su pueblo un pueblo digno de derecho.

Se ha enfrentando con nativos hostiles, con imperios europeos, con invasiones de vecinos, y con el mismo gobierno mexicano–y el charro, el civil armado mexicano, ha sabido conseguir los laureles de la victoria.

Esa sí es una tradición que se merece celebrar. Los mexicanos del día de hoy pueden y deben mirar con orgullo al charro, sabiendo que por la valentía y destreza con armas del mismo, ellos también han heredado el espíritu de la independencia.

La verdad es que no todos pueden ser charros. Sin embargo, la herencia del civil armado es algo que comparte el pueblo mexicano entero.

Es parte de su patrimonio nacional, y aunque las leyes dificultan e impiden la reverencia hacia esta tradición, reconozcamos que son muchos los que se esfuerzan por mantenerla viva como buenos ciudadanos. Y ahí no terminó: hace falta acción cooperativa para la liberalización del derecho de defenderse.

Hace falta el espíritu indominable del charro para hacer frente a los obstáculos que traban a la justicia. Hace falta reforma legal para que el día de mañana, la libertad que siente el charro al montar su corcel sea un sentimiento compartido desde Chihuahua a Chiapas por un pueblo que sí sepa defenderse.

Es por esta tradicón orgullosa que el derecho de tener y portar armas es simplemente un derecho mexicano.

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Fotos de charros montados de Harvey O’Neal Stowe.

Un comentario

  1. Primero pinches charros, con la pistola casi hasta el sobaco, así como van a desenfundar rápido, en las ferias siempre los veo desarmados y el la DCAM núnca hay revolveres superiores al .38 especial y en caso de que ordenen uno, digamos un .45 Colt long ¿dónde van a conseguir los cartuchos? Al charro ya también lo están desarmando.

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