El bienestar del caballo y la charrería #ArtículodelDía

Por David Alonso

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Con alegría puedo ver la gran profesionalización de nuestro deporte en las transmisiones, en la logística del evento, en la calidad del ganado, en el nivel de competencia de los equipos, etc, pero aún en deuda con el bienestar del caballo que refleja mucho nuestro nivel cultural ecuestre dentro de un panorama internacional y les platicaré porqué.

Justamente hace unas semanas recibimos a un grupo de austriacos que querían conocer México y durante una cabalgata que les ofrecimos tuvimos la oportunidad de hablar mucho de caballos y me comentaban que estaban sorprendidos de las riquezas culturales de nuestro país y de nuestra afición por el caballo, pero que recientemente habían asistido a una charreada en el estado de Morelos y que habían salido con sentimientos encontrados por lo bonito de la fiesta por un lado y por otro el maltrato que teníamos hacia los animales. La verdad no supe qué responder en este sentido porque sabía en el fondo que ellos tenían razón.

Es una corriente mundial lo referente al bienestar animal, en muchos casos excesivo a mi parecer, pero que en algunos deportes y actividades ha ido ganado terreno, como el caso de las corridas de toros y los circos por mencionar algunas. Sin embargo, sería triste que en el futuro la presión social alcanzara a la charrería siendo que está en nuestras manos poder hacer algo al respecto y mandar otro mensaje hacia quienes nos ven desde afuera.

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Dado que siempre me ha preocupado el buen manejo y cuidado de los caballos, desde mi muy personal punto de vista, quisiera compartir algunas sugerencias propias de bienestar hacia los equinos a considerarse para quienes practican, juzgan y organizan la charrería y empezaré por cada suerte:

En la cala: Puesto que es una demostración de habilidad del binomio, daría puntos adicionales al jinete que no jala la rienda en la punta, no castigaría el rabeo que provoca que les operen y atrofien la cola a los caballos dejándolos indefensos contra las moscas. No permitiría frenos con bocados menores a 1/2 pulgada de grosor ni con patas mayores a 7 pulgadas de largo, además de los bocados de sapo y bigote moro que lastiman las lenguas de sobremanera.

Permitiría las patas articuladas para diluir el exceso de jalón en la rienda indirecta que ponen algunos jinetes y que no es faltar a lo mexicano como se cree, pues erróneamente pensamos que siempre han sido frenos fijos los que utilizaban nuestros antepasados (Poseeo un freno articulado mexicano con más de 100 años de antigüedad).

Premiaría de manera especial una cala de bozal, pues requiere habilidades adicionales del jinete. Además revisaría el herraje del calador para asegurarme que no excediera 1 pulgada de ancho y estuviera correctamente bien alineada, pues existe la creencia de ponerlas chuecas para que avance más en la punta, provocando desbalance en el casco, articular y contractura de talones, pues al ser tan anchas no hay una correcta expansión y contracción del casco impidiendo su función de bombear sangre para irrigar la extremidad.

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En los piales: Sancionaría al equipo que metiera un caballo sedado, de igual manera revisaría su edad y no permitiría caballos mayores a 15 años de edad, generalmente ya muy lastimados (esa edad equivale a 50 años humanos aproximadamente).

Sería obligatorio el uso de sudadero (mantilla) y aparte una carona con grosor no menor a 1 1/4 pulgadas (ambos de lana pura abatanada como en la antigüedad). La sujeción de la cincha a media panza, para que la presión ejercida por la soga al estar chorreando no se centralice en la zona de la cruz, sino que se distribuya en todo el lomo (ya que la mayoría nuestros fustes están mal diseñados considerando la conformación del caballo charro de la actualidad).

Permitiría el uso de mulares, ya que cuentan con una espalda más apta (recta) para estirar a cabeza de silla sin lastimarse como los caballos, además de que su manejo implica un mayor grado de dificultad. También premiaría el no usar bajador por lo que explico a continuación.

En las colas: Lo primero que haría sería premiar al coleador que no utiliza bajador por dos razones, una porque los haría jinetes más hábiles y considerados con la boca del caballo (pues este levanta la cabeza cuando las manos que jalan el freno son desconsideradas) y la principal, porque se rompe el equilibrio del caballo, es decir, los caballos utilizan el penduleo de su cabeza para encontrar el equilibrio de su cuerpo y sería algo similar que a nosotros nos pongan a correr con las manos amarradas.

El uso del bajador también es la causa de tantos caballos quebrados, pues si estuvieran libres, buscarían la manera de balancearse cuando se les deja caer un toro.

Aquí también sería importante el uso de bocados articulados porque al ir el jinete concentrado en arcionar y jalar en ocasiones se apoya de la rienda y por ende de la boca. El equipo que quiebre un caballo tendría una penalidad especial, pues es realmente sorprendente como muchos charros quiebran su animal y sin la menor preocupación piden que les pasen otro, como si realmente fuera un artículo desechable.

Terna y manganas: Creo que aquí sólo castigaría el uso del bajador.

Escaramuza: Además del bajador en la escaramuza, lo principal sería la consideración del mal diseño de la albarda como tal, que causa tanta presión y desbalance sobre la espalda del caballo al tener un asiento tan elevado de la superficie del lomo. Además me he podido dar cuenta que la mayoría de entrenadores, jueces y escaramuzas son conscientes de ello pero nadie hace nada ni hará hasta que se premie o castigue su diseño, pues así funciona esto, es importante hasta que afecta el ego humano.

Desde hace unos años se permitió el uso de caronas de neopreno y eva (material similar), sin embargo, estos materiales no son lo mejor para el caballo ya que sólo absorben el impacto en la espalda pero elevan mucho la temperatura (imagine andar practicando un deporte con una camiseta de plástico).

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Importante hubiera sido estimular nuevamente el uso de la lana en las caronas y mantillas como lo hacen ahora los americanos y como la utilizaban en los bastos de las monturas charras de hace 50 años. Dicho sea de paso, es un lujo ahora comprar una carona de lana abatanada en USA porque cuesta alrededor de $300 dólares, mientras que el oficio desapareció en Oaxaca por incosteable desde hace algunos años.

Los intereses económicos dentro de nuestro deporte han provocado que se avance mucho en el espectáculo pero nada en el bienestar animal y parece que cada día nos alejamos más de ello. Ojalá y en un tiempo no muy lejano alguno de los dirigentes o influyentes del ambiente decida trascender por considerar el bienestar de estos animales que tantas satisfacciones dan al charro mexicano.

¡Hasta la próxima!

Agradezco al MVZ. Concepción Hernández por facilitar imágenes para la contribución del presente artículo.

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