Nombrar a las mujeres rebeldes de la revolución

  • POR: LIBERTAD GARCÍA CABRIALES

¿Si a usted le preguntaran nombres de mujeres revolucionarias de su región qué respondería? Si lo sabe lo felicito y si no, es usted parte de la gran mayoría que lo ignora. Las mujeres participantes en el movimiento revolucionario son poco nombradas, menos las de regiones. En la escuela nos enfatizan los grandes nombres de héroes y generales, pero las revolucionarias casi siempre son marginales en el relato de la historia escolar. Salvo unos cuantos nombres que apenas se mencionan, la historia de la Revolución Mexicana pareciera de hombres y para hombres. ¿Así fue realmente?

Muchos dirán que sí, puesto que las grandes batallas, decisiones y puestos, estuvieron en manos de los hombres. Entre ellos, algunos admirables, justicieros y transformadores, sin duda. Nadie pretende quitarless mérito. Pero la pregunta sigue siendo la misma. ¿Qué papel tuvieron las mujeres? ¿Quiénes fueron? ¿Se rescataron sus nombres o son parte de la masa anónima, pero valerosa que arriesgó todo por una causa? Porque ese es otro tema. El pueblo que anduvo en “la bola”, quienes lucharon junto a los grandes caudillos, poco son reconocidos. Porque ni Madero, ni Villa, ni Zapata, ni Obregón, ni Carranza; ningún general o líder hubiera podido lograr nada sin sus ejércitos, sin sus seguidores, sin los apoyos de la gente.

Pero volviendo a las mujeres, este noviembre me ha dado por preguntar si se sabe algo de las ellas en la lucha y la verdad sólo una entre muchas personas me respondió y fue en relación a las “adelitas”. En ese contexto, mucho se piensa que la mujer sólo anduvo en la lucha atrás de su Juan, sin darle mérito. Porque aun cuando se dice despectivamente que sólo “echaban las tortillas” a los soldados; esa labor, de alimentadoras de la tropa es más que suficiente para darles valor. Pero eso no fue todo, muchas mujeres hicieron bastante más. Fueron periodistas, enfermeras, maestras y también tomaron el fusil y combatieron con valentía.

Pero muy poco han sido reconocidas. Gabriela Cano, Doctora en Historia, quien ha investigado la Revolución Mexicana con enfoque de género, afirma que en el movimiento ha predominado una narrativa de “héroes machos” y por desgracia hay pocos historiadores trabajando en investigaciones que hagan “visibles y explícitas, no sólo a las mujeres como protagonistas, sino también los “códigos culturales” que invisibilizan a las mujeres de los relatos”. Más que hacer una gran historia, ella prefiere hacer pequeñas historias para mostrar la participación de las mujeres en la historia nacional. 

La doctora Cano reconoce a la “Adelita” como un estereotipo, una visión maquillada de las mujeres revolucionarias surgida en los años treinta porque la modernización exigía la presencia femenina. Por su parte, el doctor Misael Hernández, tamaulipeco, investigador del Colegio de la Frontera Norte, señala que la historia oficial no expone las vejaciones de las que fueron víctimas las mujeres. Al citar el testimonio de María Olvera, oriunda de Tula, el doctor Hernández lo pone de manifiesto: Cada vez que se avisaba venían las hordas de soldados, sus padres huían con ellas hacía el monte para esconderlas, porque los soldados “saqueaban al pueblo y violaban a las mujeres, sin importar edad y condición”. Eso mismo me contaba mi abuela cuando era niña, allá entre las cañas de mi Mante amado. Misael Hernández también se refiere a la “representación” hecha de las “adelitas”, desde el discurso oficial. Sin restarles heroísmo y valentía, el investigador afirma que eso no significaba su emancipación, porque si Adelita se iba con otro, la buscarían “por tierra y por mar”.

Sin duda, muchas mujeres valerosas fueron “etiquetadas” como “adelitas” entre la gran masa revolucionaria. Pero es necesario verlas más allá de las visiones románticas y reconocerlas en toda su dimensión. Investigar sus historias y nombrarlas. Reconocer y nombrar a Leonor Villegas, rica heredera de la rancia aristocracia porfiriana y madre de tres criaturas, quien dejó “el cenit de la gloria y la riqueza” para fundar en Nuevo Laredo un grupo de socorristas, la primera brigada de sanidad del Ejército del Noreste que se convertiría en La Cruz Blanca Constitucionalista. Llamada “La rebelde”,  Leonor no dudó en dejar sus privilegios para luchar por sus ideales. Pero sigue siendo poco valorada, ni siquiera en nuestro estado es reconocida por las mayorías.

Y como Leonor, en Tamaulipas también está Juana Torres, Úrsula Tapia, Avelina Villarreal  y muchas rebeldes más a quienes debemos reconocer y nombrar. La historiadora Sonia Hernández y el historiador Francisco Ramos ya lo hicieron en sus textos “El alma de la rebelión” y “Mujeres de armas tomar”. Mucho trabajo hay para los historiadores, pero también para la sociedad. Es necesario conocer, hacer visibles y nombrar a las mujeres valerosas de la historia regional. Finalmente, diría Machado, el hombre es nombrado por boca de una mujer.

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