La tradición mexicana cabalga con orgullo en Penngrove

Jocelyn Saldaña Medina, una adelita, parte de la cultura escaramuza, las orgullosas mujeres jinetes de México que compiten en el antiguo arte de la charrería, es recibida por “Sponge” en el Rancho Los Garañones en Penngrove el jueves 17 de marzo de 2022. (Chad Surmick / The Press Democrat).

      

POR JUDI JORDAN

ESPECIAL PARA LA PRENSA SONOMA

March 31, 2022

“La tradición significa dar votos a la más oscura de todas las clases: nuestros antepasados. Es la democracia de los muertos. La tradición se niega a someterse a la pequeña y arrogante oligarquía de aquellos que simplemente andan por ahí”.

― G.K. Chesterton, Ortodoxia

Esta es una historia sobre el convertirse en mujer que merece un final feliz, el dulce viaje de Jocelyn Saldaña Medina no ha concluido.

Jocelyn Medina makes her way out of an indoor arena while practicing Escaramuza, MexicoÕs proud women riders who compete in the ancient art of Charrer’a at Rancho Los Garanones in Penngrove Thursday March 17, 2022. (Chad Surmick / The Press Democrat)

Una exjinete competitiva como una escaramuza, el futuro de Saldaña Medina radica en transmitir el arte, el conocimiento y la historia de su amado deporte y su feroz herencia a las jóvenes latinas que responden al llamado del lienzo; el lugar donde equipos de ocho, denominadas como escaramuzas, realizan formaciones meticulosamente cronometradas, montan a caballo con un estilo inigualable. La Escaramuza ha evolucionado desde las raíces revolucionarias de las Adelitas, intrépidas mujeres jinetes con rifles largos y trenzas que defendieron a México durante la revolución de 1910 y la posterior Guerra Cristera de 1920, hasta servir de inspiración para la Colección Cruise 2019 de la casa de modas de Christian Dior.

Existen tradiciones estrictas que mantienen un vínculo directo con la historia. En un sentido subliminal, esto es lo que defienden las jóvenes mexicanas en 2022, mantener viva la cultura mexicana en Estados Unidos, donde muchas son presionadas a rendirse y asimilarse. Vivita y coleando en todo Estados Unidos, la cultura charra remueve la sangre ancestral y brinda un sentido de pertenencia exclusivamente mexicana.

Nunca se es demasiado temprano…

La mayoría de las personas aprenden a ir al baño antes de sentir el llamado de un gran desafío, pero la futura adelita (como se les denomina a las integrantes de un equipo de escaramuzas), Saldaña Medina, todavía estaba en pañales cuando supo que quería montar. Desde hace cinco años vive con su esposo Adán Saldaña y su hija Galilea en Penngrove, un pequeño y lindo pueblo cerca de Santa Rosa. Saldaña Medina nació en Los Ángeles, pero se crió en México. Sus primeros años los pasó en Ameca, una comunidad ranchera muy unida en Jalisco; una infancia idílica para una niña que estaba loca por los caballos.

Saldaña Medina lo recuerda vívidamente. “Ya sabes, en el pasado, en realidad todavía hoy: los hombres pasean a sus caballos en la calle; mi papá hizo eso”.

Un alma ya vieja a los 18 meses, la bebé Jocelyn estaba parada en la ventana deseando que su padre Antonio Medina se apresurara a volver a casa después de un día de ganadería para poder recogerla y dar un paseo en la silla de montar.

“Vi esto y dije, ¡quiero hacer eso! Yo, que tenía siete u ocho años, estaba como, ¡Dios mío, pensé que era la cosa más genial del mundo! Quiero decir que es muy divertido de ver”. -Jocelyn Saldaña Medina, sobre la primera vez que vio a unas escaramuzas.

“Lo esperaba todos los días, diciéndole a mi mamá, Celia Mariscal, que quería montar”, recuerda la jinete. “Quise decir, apenas hablaba, pero me referí a montar como «o cobi», en el lenguaje infantil quería decir «a caballo».

Saldaña Medina se ríe. “¡Así es como le hice entender que quería ir en el caballo!”

A los seis años, montaba sola. La familia se mudó de México a Vallejo, California. El papá de Saldaña Medina aseguró un caballo, la puso en su montura; ella cabalgó con él mientras él le enseñaba la responsabilidad de la equitación; cuidado y alimentación todas las noches.

Montar con papá estuvo bien durante un tiempo, pero Saldaña Medina había estado compartiendo la silla de papá durante casi cinco años; quería montar sola. Ella lo apremió.

Cabalga, Jocelyn, cabalga…

“Finalmente, un día le pregunté, bueno, ¿cuándo podré montar como tú? ¿Puedes enseñarme?»

Papá Medina estuvo de acuerdo: “Solo necesito que conozcas al caballo adecuado”.

Tomó prestado el caballo de un amigo. Saldaña Medina recuerda: “Era un caballo muy agradable y tranquilo y así empezó todo”.

Con sumo cuidado, su padre comenzó a enseñarle.

“Muy despreocupadamente me metió en un corral, no a la intemperie, y no me permitió ir más rápido hasta que supe cómo parar, y cómo dirigir el caballo, era muy lento, no era solo cosa de saltar en él.

Esa preparación cuidadosa y paciente le dio a Saldaña Medina una base firme y una confianza que contribuyó en gran medida a prepararla para el gran salto audaz a montar a ser Escaramuza años después. Saldana Medina se unió a su papá en los eventos de charrería y un día vio ¡Escaramuzas! Deslumbrada por estas reinas guerreras, cabalgando impecablemente en patrones elaborados, vestidos gloriosos, columnas rectas, sillas de montar lateral, estaba electrizada, decidida.

“Vi esto y dije, ¡quiero hacer eso! Yo, que tenía siete u ocho años, estaba como, ¡Dios mío, pensé que era la cosa más genial del mundo! Quiero decir que es muy divertido de ver”.

La importancia de la familia y amistades

Habría un hueco en la montadura de Saldaña Medina; ella no tuvo un caballo por un tiempo. Sus sueños quedaron en suspenso hasta que conoció a Edith Luna, otra joven que también acompañó a su papá al rancho de California donde trabajaban sus padres. En el rancho las dos muchachas comenzaron a cabalgar juntas en el corral.

Años más tarde, cuando ambas eran niñas y tenían trece años, la mejor amiga de Saldaña Medina, Luna, se unió a un equipo en el área de Woodland Vacaville y la instó a unirse. Saldaña Medina se moría por hacerlo, pero el costo prohibitivo y la abrumadora logística, el transporte y los frecuentes ensayos eran obstáculos enormes.

Ella recuerda la frustración: “Estaba como, ¡no puedo! ¡No tengo mi propio caballo, ni una camioneta o un remolque para transportarlo a la práctica, simplemente estaba como si no pudiera ¡Me encantaría pero!”

Saldana Medina preguntó de todos modos. Su papá lo rechazó.

“Mi papá dijo, “no, es demasiado para comprarte un caballo”.

Un buen caballo de cuarto de milla puede costar hasta $10,000. Saldaña Medina suspira ante el recuerdo. «Sabía en el fondo que papá quería que lo hiciera, porque estaba muy orgulloso cuando finalmente me uní, y me vería montar y se lo contaría a todos sus amigos».

Antonio Medina recuerda sentirse «tanto nervioso como emocionado» al ver a su hija montar y dijo: «Me sentí bien al ver que ella disfrutó tanto como yo».

Poco después, la gran amiga de Saldaña Medina, Luna, la ayudó por completo. Trajo un caballo adicional, la ayudó con el equipo y creyó en ella.

Una montura nueva

Su equipo competiría y experimentaría la emoción del lienzo, los vítores de la multitud, reforzados por el conocimiento de que los detalles increíbles que realzan el deporte ceremonial comenzaron en México cuando mujeres valientes cabalgaron a la guerra por México.

Si bien una gran parte del atractivo es la belleza visual, aprender a montar a caballo de pierna cruzada es claramente un reto incluso para los más expertos.

“¡Era tan nuevo para mí montar en una albarda (silla de montar para escaramuzas)! Porque estás sentada de lado, ¡es mucho más difícil! Y ya había estado montando [sola] durante seis años desde que tenía siete”.

Montar en un vestido Adelita enorme, esponjoso e hinchado es otra cosa. No se permite escatimar recursos, desde la ropa interior tradicional de calzoneras hasta las crinoleras almidonadas, espuelas, botas, sombreros, rebozos, camafeos, aretes chapados en oro que se deben hacer en México, hasta la vara de un árbol que se debe encontrar y usar para guiar al caballo.

Los equipos deciden los detalles de la vestimenta en sí y ayudan a sus compañeras de equipo a alcanzar los exigentes criterios. Las jinetes son juzgadas por jueces despiadados.

Los equipos se puntúan en cada elemento del vestuario, y pobre de aquella que olvida algo; puede poner en apuros a todo un equipo.

“Siempre nos ayudábamos unas a otras, ya que alguien podría haber olvidado algo. Todo debe ser perfecto, hasta la forma en que se almidonan las calzoneras, se ata el rebozo y la cara…”. ¿La vara? Esa es una vara de árbol real tradicional que cada escaramuza debe encontrar, no se permiten látigos, esa vara se usa para conducir suavemente al caballo. Es intensa, esta cultura Escaramuza.

Las adelitas son eternas

Saldaña Medina ahora es madre, casada con Adán Saldaña. Su pequeña hija Galilea tiene dieciocho meses, la misma edad que cuando la monta de caballos la cautivó por primera vez a ella. A medida que surgen los dulces recuerdos de andar a caballo con su padre, Saldaña Medina anhela volver al deporte, como líder de equipo para enseñar a la próxima generación.

«Sabes, mirando hacia atrás, fue la mejor experiencia de mi vida y me encantaría que mi hija experimentara eso algún día». -Jocelyn Saldaña Medina, sobre su experiencia como escaramuza charra.

Pero para la mayoría de las adelitas, el dinero siempre es un problema. Aparte del costo de los caballos, el mantenimiento y el transporte, hay vestidos extravagantes, sillas de montar, caballos, botas, espuelas, sombreros y los aretes de oro que deben hacerse en México… y horas de práctica. Es mucho para hacer malabares.

Saldaña Medina trabaja en una oficina veterinaria para llegar a fin de mes mientras sopesa sus opciones.

Hace años, las miembros del equipo vendían frutas y bocadillos para recaudar dinero para sus atuendos y suministros, mas en estos días eso podría no ser suficiente. Con la inflación, un patrocinio oficial parece más realista. Los vestidos elaborados de escaramuza deben ser originales, los complementos y el maquillaje impecables. El glamour del poder de las chicas latinas encaja perfectamente con una posible mecenas de cosméticos.

A propósito, Saldaña Medina es una gran fanática del maquillaje BareMinerals.

“Siempre he usado BareMinerals, hace lo que promete: mantiene la piel perfectamente mate”. No es tarea fácil con esas rutinas difíciles bajo el sol abrasador. Es difícil imaginar un mejor respaldo, patrocinio, ¿alguien?

El rosario charro

Antes de cabalgar, las adelitas rezan.

“Un breve rosario, un pequeño Ave María rápido antes de montar, algunos equipos tienen su propia alegría. A veces nuestras familias entran a dar sus bendiciones, porque sí, puede ser muy peligroso”, admite Saldaña Medina.

“Los caballos corren a 15 mph, y no solo eres tú sino tu caballo, tienes que asegurarte de que el tuyo no esté cojo, que esté lo suficientemente bien como para rendir al 100%. Puede ser peligroso. Puedes chocar. Me pasó un golpe bastante fuerte un par de veces en una práctica y piensas, ¡Dios mío, se sintió como un accidente automovilístico! Básicamente, debes asegurarte de que si tu caballo se tropieza, tienes un buen agarre de las riendas porque eso podría hacerlo bien o mal».

Saldaña Medina suspira. «Sabes, mirando hacia atrás, fue la mejor experiencia de mi vida y me encantaría que mi hija experimentara eso algún día».

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