El tesoro hallado en la Casa del Charro | Los tiempos idos


En 1944 fueron encontradas monedas de oro y plata de la época virreinal tras los muros de esta propiedad del siglo XVI

Aquí se aprecia la Casa del Charro, sobre la Avenida 3 Poniente. | Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler

Erika Reyes | El Sol de Puebla

En 1944 un hallazgo en la casa número 115 de la 3 Poniente acaparó los titulares nacionales y despertó el interés por esta propiedad del siglo XVI.

Un tesoro había sido descubierto por un grupo de albañiles que realizaban trabajos para demoler la propiedad que fue adquirida por el Banco Capitalizador de México, que por muchos años fue conocida como la Casa del Charro.

Siempre hubo rumores de que esta propiedad edificada en la época colonial ocultaba tras sus muros un tesoro. Pero los rumores tuvieron que esperar cientos de años para desvelar la verdad histórica que había sido escondida en forma de monedas de plata y oro de los siglos XVIII y XIX.

Una vez demolida la casa se construyó el edificio Arlanza que hoy alberga Almacenes Rodríguez y cuya parte poniente, corresponde a esta propiedad.

La propiedad data del siglo XVI pero se desconoce el nombre de su primer propietario | Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler

¿QUÉ SE SABE DE LA PROPIEDAD?

La antigua calle de Herreros, hoy Avenida 3 Poniente, fue una de las principales de la ciudad. Ahí se edificó la que por muchos años fue conocida como la Casa del Charro.

“La casa había sido famosa por haber existido ahí el conocido restaurante El Charro. Era atendido por su dueño que, vestido de charro, servía los más exquisitos platillos poblanos, entre ellos unos grandes tamales cuya fama trascendió más allá del estado”, expone el investigador Gustavo Velarde Tritschler.

A mediados del siglo XIX la casa había pertenecido al fondo llamado Obra Pía del Santísimo que era de la Catedral y que por la Ley de Desamortización de los Bienes Eclesiásticos paso a manos del gobierno.

Titular del hallazgo del tesoro en el diario La Opinión| Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler

“De acuerdo al registro público de la propiedad, según la inscripción número 178 del expediente 1292 a fojas 264, del tomo 51 del libro primero, el 10 de octubre de 1856 el gobierno le vendió la casa a la señora Ignacia Salamanca. El 4 de agosto de 1911 se registró a nombre de José de Jesús Lozada por adjudicación en la sucesión de la señora mencionada”, comenta.

El 11 de febrero de 1931 la finca se registró a nombre de Lizardo Lozada y Aguilar como heredero sucesor del dueño anterior. Ese mismo año, el 11 de junio, la casa pasó a ser propiedad de las señoritas Virginia y María Lozada, cuando le compraron la casa a él. Se deduce que ellas arrendaron la casa al propietario del restaurante El Charro.

Finalmente, el 21 de noviembre de 1942, el Banco Capitalizador de México S.A. les compró la casa y el gerente ordenó derrumbarla.

Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler

LOS RELATOS ACERCA DEL TESORO

Debido a la antigüedad del inmueble y a la cantidad de personas que lo habitaron surgieron varios relatos acerca del origen del tesoro escondido en la propiedad. Algunos de ellos eran verosímiles porque se ajustaba a hechos y acontecimientos locales.

Uno de ellos refiere que como la casa había sido sede del fondo de Obras Pías del Santísimo, en determinado momento fue habitada por un deán de la Catedral, es decir, un canónigo que presidía el cabildo catedralicio y lo administraba.

“Temeroso de que los dineros que manejaba de las diferentes asociaciones religiosas cayeran en manos del gobierno liberal, decidió ocultarlo en un lugar especial de la casa ayudado por dos personas de su confianza que, con el tiempo, fallecieron sin recuperar lo escondido”, señala.

Otra historia igual de verosímil, era la de una pobre anciana de 80 años que poco antes de morir le confió a su único nieto el secreto con el que podría hacerse rico.

La anciana le dijo a su nieto que había trabajado con una señora que estuvo casada con un capitán de las guardias imperiales de Maximiliano y que había muerto sin descendencia, comenta el investigador, y añade que, ésta le aseguró que ella sabía dónde estaba enterrado un tesoro que ella y su patrona habían escondido en la casa donde vivía sola porque el marido estaba en Querétaro, al lado del emperador.

Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler

Un día le avisaron a la señora que su marido había fallecido y pensó ir a la Ciudad de México con unos parientes. Pero antes de que eso sucediera, el general Porfirio Díaz sitió a Puebla. Entonces todas las familias del partido del emperador Maximiliano, comenzaron a esconder y a salvar lo que podían.

“Asustada y llorosa, la niña y yo nos ocupamos en ocultar todo lo que tenía de valor, entre todo eso unos tenatitos con mucho dinero, dijo la anciana al nieto. La anciana confesó que esa casa era donde estaba el restaurante El Charro”, detalla.

Siempre existió el rumor de que esa casa ocultaba tras sus muros un tesoro pero nadie sabía la ubicación exacta del mismo. Durante diferentes épocas hubo quien llegó a molestar a los dueños para conseguir el codiciado tesoro.

Aparentemente el dueño del restaurante El Charro no creía en eso, pero dicen que en las noches se la pasaba rascando su casa porque desde la cantina y cenaduría El Lucero que estaba enfrente de Catedral, se oían perfectamente los golpes de barreta desde la media noche hasta bien entrada la madrugada.

Otro aspecto de la casa en el que se aprecian diferentes locales | Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler

ENCUENTRAN EL TESORO

En 1942 el Banco Capitalizador de México compró la casa porque no tenía un inmueble adecuado. El de la 2 Poniente 506, ya era insuficiente y los sorteos que beneficiaban a sus cuentahabientes tenían que hacerlos en el pequeño estudio-teatro de la XEHR, antes Teatro Benavente, que estaba ubicado frente a la Casa del Charro, que después fue ocupado por Bancomer.

Velarde Tritschler dice que el gerente del banco era Adolfo Cazáres Vales, quien le encargo al ingeniero Carlos Mastretta, hijo de don Carlos Mastretta Magnani, la demolición de la casa bajo la vigilancia directa del maestro de obras Rosario Morales Paredes y un grupo de albañiles y peones.

El sábado 10 de enero de 1944 la obra de demolición se llevaba a cabo normalmente. Los albañiles, Macario Rojas y José Robles, comenzaron a desprender la parte baja de un marco de puerta que dividía dos piezas del segundo piso. La operación era vista por otro compañero desde un andamio.

“Al desprender parte del marco de aquella puerta tuvieron que quitar los ladrillos del piso y al hacerlo descubrieron una tarima debajo, y al quitarla vieron una tinajita llena de dinero. Los albañiles la sacaron y en unas mantas vaciaron su contenido y se salieron a la calle”, relata.

Esquina de la 16 de Septiembre y Avenida 3 Poniente, se aprecian los escombros de las casas que se derrumbaron para construir el edificio Arlanza | Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler

Después de un tiempo el maestro de obras notó su ausencia y le preguntó al compañero que estaba en el andamio si los había visto. Él le dijo que estaban haciendo algo con la puerta pero luego se salieron.

El maestro de obras fue a revisar el área y se dio cuenta de que los albañiles habían encontrado dinero. Entonces hizo un escándalo y los trabajadores se reunieron con él. Comenzaron a excavar más y descubrieron otras tres tinajas con monedas de oro y de plata de diferentes tamaños.

El hallazgo fue comunicado de inmediato al ingeniero Mastretta que a su vez se lo comunicó a Casares, mismo que después de un convenio con ellos deposito las monedas en el banco.

“Se buscó a los prófugos en su pueblo de Aparicio con resultados negativos, pues aquel par ya debía haberse ido muy lejos. Según los indicios el dinero que se llevaron era en oro de los llamados ´pelucones´ o sea ¡monedas de la época virreinal!”, detalla.

Al parecer, un albañil codicioso que sabía que no le tocaría nada, denuncio los hechos a la policía que interrogó a Cazares y Mastretta, por lo que se llegó a dudar de su honestidad.

Estas son algunas de las monedas halladas en 1944 publicadas en el periódico Excélsior | Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler

UN HALLAZGO SORPRENDENTE

La noticia se publicó en el diario La Opinión y en el periódico El Excélsior del 14 de enero de 1944 con una foto de las monedas obtenidas, cuya emisión comprendía los años de 1795 a 1811.

“Cuenta el cronista Antonio Deana Salmerón que años después, en 1959, don Adolfo Cazares lo llamó porque conocía su afición por la numismática, para mostrarle las monedas encontradas en la cocina del restaurante El Charro. Fue grande su sorpresa al ver toda una colección de piezas de 8 Reales que comprendían los reinados de Carlos III, Carlos IV y Fernando VII. Piezas que por su estado de conservación parecían acabadas de salir de la Casa de Moneda de México”, enfatiza.

El hallazgo fue valorado en trescientos mil pesos de la época.Había un sinnúmero de monedas preciosas de 4, 2, 1, ½ y ¼ de Reales por lo que se hacía suponer que se enterraron poco después de 1821 en las clásicas vasijas de barro del barrio de La Luz.

“El señor Cazares le confesó al Deana Salmerón que el tesoro fue repartido entre los miembros del Consejo de Administración del Banco Capitalizador de Ahorros, por partes iguales. Con esto quedó aclarado que el ingeniero Carlos Mastretta, conocido por su honorabilidad, no había hecho ´perdedizas´ las monedas de oro encontradas”, puntualiza el investigador.

Una vez demolida la casa del charro y la propiedad de junto, que hacía esquina con la 16 de septiembre, se levantó el edificio Arlanza que hoy alberga almacenes Rodríguez y cuya parte poniente, la que está pegada a Sears, corresponde a la que fue la Casa del Charro.

Los almacenes Rodríguez ocupan hoy el que fue el terreno de la Casa del Charro | Foto: Iván Venegas | El Sol de Puebla

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