El charro carismático y cantante nunca existió, el cine mexicano lo creó, y eso no está mal


20 septiembre 2022

LUIS ACOSTA

Canta, es vivaracho, es seductor y bebe mucho alcohol. El charro es uno de los personajes más curiosos de México. Su actitud carismática y su dote de habilidades lo convirtieron en un ícono nacional y cultural reconocido dentro y fuera del país, pero el ranchero original, el del México rural, de antes del siglo XX, era muy distinto.

¿Hasta qué punto, ese personaje de original vestimenta y atrayente personalidad, presentado por el cine mexicano, corresponde a tipos que realmente existieron en México?

En realidad, la figura del charro, se cuenta a través de las leyendas, la tradición oral y el imaginario colectivo del pintoresco representante del folclor mexicano que dista del ranchero de ganadería con vestimenta humilde y que es empleado de las haciendas.

La comedia ranchera, donde el charro aparece como elemento central, jugaba con la idea de ubicar un discurso nacionalista, como apunta Siboney Obscura Gutiérrez en su texto ‘La comedia ranchera y la construcción del estereotipo del charro cantante en el cine mexicano de los treintas e inicio de los cuarentas’: 

«Lo que se intenta hacer es reacomodar los elementos de la historia de México, situando a la imagen del charro, como el símbolo de la permanencia de las tradiciones, la religión, la propiedad, la familia, la autoridad, la jerarquía social y la libertad individual.»

A través de ese reacomodo de elementos también se da una formación de identidad y de valores que al final de cuentas apelan más al sentimiento que a la razón. Por eso, y con motivo de «el día del charro» celebrado cada 14 de septiembre, y las celebraciones de las fiestas patrias que caracterizan al pueblo de México, hoy te vamos a contar, el origen del charro mexicano.

El charro: ¿personaje real, o invención cinematográfica?

Antes del cine mexicano del siglo XX, fue durante el Virreinato de la Nueva España que se introdujo la ganadería como un trabajo donde los terratenientes criollos proliferaron. Con el tiempo, este trabajo comenzó a adquirir características propias de la región adaptando el estilo ecuestre y llamándolo «escuela hípica mexicana». Es decir, los hombres que montaban a caballo comenzaron a hacerse cada vez más frecuentes en la vida cotidiana del pueblo rural.

Tras la independencia de la Nueva España y durante las intervenciones francesas, los «chinacos» conocidos por participar en las guerrillas para derrocar al ejército francés, cuya vestimenta denotaba orígenes humildes y que eran trabajadores de los grandes hacendados, comenzaron a llamarse «mayorales», «caporales», «arrieros» o «vaqueros».

Marcos Arróniz, lo describe de una manera inigualable en su libro ‘Manual del viajero en México’:

«El ranchero es uno de los tipos más curiosos del país, y como los árabes, su vida pasa casi siempre sobre el caballo, es una especie de centauro, y su traje se compone de unas calzoneras de gamuza de venado, adornadas a los lados de botones de plata que reemplazan a la costura abrochándose a unos ojales; otros, según sus proporciones las usan de paño con adornos de galón de oro…»

Eran los grandes terratenientes adinerados los que gustaban de incluir ornamentaciones en sus trajes, mientras que los jinetes menos acaudalados adornaban su vestimenta con bordados, y calados de gamuza. Fue hasta después de la Revolución Mexicana en la década de 1920 que el término «charro» surge junto a la charrería considerada como deporte, y que se da debido a la migración del campo a la ciudad.

En esta década también se comienzan a construir los lienzos charros alrededor de las ciudades más prolíficas como Guadalajara y la Ciudad de México, y junto con ellos, el traje de charro pasaría a ser el atuendo nacional, popularizado durante la llamada «Época de Oro».

«Las alas del sombrero son grandes y los lados de la copa colocan unas chapetas de plata en forma de águila u otro capricho. Cubren su cuerpo con la manga, que es una especie de capa, con una entrada al medio para pasar la cabeza. Los mejores sarapes son de Saltillo y San Miguel, las mejores mangas, las de Acámbaro. Son ágiles jinetes los rancheros y de índole afable y sufrida…”

La figura del charro a través del cine mexicano

Hablemos de la «Época de Oro» en México. Esta va de 1936 a 1957 aproximadamente, aquí, hubo un crecimiento industrial, el gobierno promovió las Bellas Artes, y surgió un boom de los medios como entretenimiento.

El principal motivo por el cual inicia la tendencia del charro, es precisamente para representar la popularidad que éstos habían ganado tras la Revolución Mexicana. Fue concretamente en el entorno del cine mexicano donde se fueron conformando las peculiares características del género y la fijación del charro como estereotipo.

Fue en 1936 que la época del cine mexicano se vio marcada por el estreno de la cinta Allá en el Rancho Grande’película dirigida por Fernando de Fuentes, y protagonizada por Tito Guízar, Esther Fernández y René Cardona que relata un drama romántico.

La temática del filme gira en torno a un hacendado, un caporal y una joven campesina de la que José Francisco, el protagonista, está enamorado. Entre coplas, bailes y canciones, vemos cómo las equivocaciones se van resolviendo para llegar a un final feliz con bodas múltiples.

Esta misma temática, y similares, se van repetir en el resto de películas que marcaron la «Época de Oro» del cine mexicano, siendo las producciones más icónicas las siguientes:

  • ‘¡Ay Jalisco no te rajes!’ (1941) la segunda película del género de comedia ranchera que ayudó a impulsar la figura del charro. Dirigida por Joselito Rodríguez y protagonizada por Jorge Negrete, Gloria Marín y Víctor Manuel Mendoza.
  • ‘Los tres García’ (1947), ‘La oveja negra’ (1949), No desearás la mujer de tu hijo’ (1949), protagonizadas por el inigualable Pedro Infante, ícono reconocido como uno de los más grandes representantes del cine mexicano.
  • ‘Cuando quiere un mexicano’ (1944), Primero soy mexicano’ (1950), Tal para cual’ (1953), protagonizadas por Jorge Negrete y Luis Aguilar respectivamente.
  • ‘Los tres alegres compadres’ (1952), protagonizada por Jorge Negrete y Pedro Armendáriz.

Pero sin duda una de las películas más queridas y recordadas del cine de oro es ‘Dos tipos de cuidado’ (1953), dirigida por Ismael Rodríguez Ruelas y protagonizada por el dúo incomparable del cine mexicano: Pedro Infante y Jorge Negrete, que acompañados de Carmelita Gonzáles y Yolanda Varela no presentan un filme divertido, dramático, amoroso, y lleno de situaciones que ejemplifican a la perfección lo que el charro cantante mexicano era. 

O mejor dicho, lo que todavía sigue siendo una representación indiscutible de la identidad de una época que se ha mantenido en la memoria de los mexicanos como el máximo ideal artístico del cine nacional.

El valor de los personajes y las comedias rancheras hasta nuestros días

La cultura popular mexicana aparece en varias cintas a través de diversas maneras: la música, el lenguaje, la comida, las fiestas, la vestimenta, etc. Estas tienen como función principal, representar la realidad del pueblo y vincularlo con un ideal imaginario que sobrepase la memoria individual y se transforme en una memoria colectiva capaz de expresar el orgullo, la identidad, la peculiaridad y la picardía que el mexicano tiene, no sólo por herencia, sino, además, por excelencia.

El valor de la figura del charro, reside en su carácter simbólico de la identidad mexicana. Es decir, al incorporar elementos históricos, geográficos y culturales de todo el país, y utilizando como medio a la comedia ranchera, resultó ser todo un éxito como ícono para la sociedad que gustaba del cine de esa época, y que, como último fin, contribuyó a forjar la idea de “lo popular” en una nación que buscaba su propia identidad.

La comedia ranchera, y el charro cantante mexicano, realizaron una interesante mezcla de diversos elementos de la cultura mexicana que pasarían a la historia como una pieza importante de la identidad del pueblo. Incluso hoy en día, a más de 90 años de su inicio, sigue siendo un factor por el cual México, en cuanto a “cultura” se trata, es reconocido mundialmente como un país de pintorescos contrastes.

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